Más que marea alta: por qué la RC es vital en marinas y muelles

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Más que marea alta: por qué la RC es vital en marinas y muelles
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Una lancha turística con más de 15 personas a bordo se hundió frente a las playas de Veracruz, en un hecho que, aunque no dejó víctimas mortales, evidenció nuevamente los riesgos reales que enfrentan las embarcaciones recreativas en zonas costeras. Según el reporte de La Jornada del 28 de junio de 2025, la nave comenzó a hacer agua debido al sobrecupo y al oleaje, obligando a que los turistas —incluidos menores de edad— fueran rescatados por lancheros y elementos de la Secretaría de Marina.  

 

Este tipo de incidentes nos recuerdan que, a la orilla del mar, cualquier maniobra puede escalar rápidamente y generar daños no solo a los ocupantes, sino también a terceros, otras embarcaciones, el entorno marino y la infraestructura portuaria. Por ello, la prevención y la correcta protección a través de coberturas de Responsabilidad Civil resultan esenciales para una navegación recreativa segura. 

 

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En el país hay más de 120 marinas distribuidas en el Pacífico, el Golfo de México y el Caribe, espacios donde conviven embarcaciones recreativas, turísticas y de pequeña escala comercial. En este entorno dinámico es común el tráfico simultáneo en muelles, dársenas y zonas de fondeo. La Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF) regula las pólizas marítimas y establece criterios mínimos de protección, y muchas marinas de primer nivel exigen coberturas de RC que van desde 300,000 hasta 1,000,000 USD como requisito de atraque. 

 

Riesgos frecuentes de daños a terceros en muelles y marinas 

 

Las maniobras de entrada y salida al muelle son momentos críticos para todo capitán. Las embarcaciones pequeñas son particularmente sensibles al viento lateral, al oleaje y a la cercanía con otras naves. En estos espacios, un error en la maniobra puede provocar choques, raspones o el desprendimiento accidental de equipos portuarios. Las aseguradoras especializadas —como GMX— incluyen cobertura por daños a muelles dentro de la RC debido a la frecuencia con que estas incidencias ocurren, especialmente en embarcaciones de recreo. 

 

La Ley de Navegación y Comercio Marítimos, vigente y actualizada en 2025, regula el uso de las vías generales de comunicación por agua y define expresamente la “contaminación marina” como la introducción de sustancias o energía que afecten la salud humana, los recursos marinos o el uso legítimo de las vías navegables. Esta definición es clave porque establece que cualquier derrame —aceites, combustible o aguas residuales— puede constituir un daño a terceros, incluso si ocurre de forma accidental mientras la embarcación está atracada o realizando una maniobra en zonas portuarias. 

 

Contaminación accidental: un riesgo subestimado 

 

Aunque muchos navegantes asocian la contaminación con grandes buques o actividades industriales, los incidentes en embarcaciones menores también representan un riesgo relevante. Un derrame de combustible durante el repostaje, la descarga accidental de aguas negras o incluso la filtración de aceite desde el motor puede provocar afectaciones ambientales y multas. La normatividad marítima mexicana está alineada con el convenio MARPOL y otras regulaciones internacionales, como explica la Secretaría de Marina (SEMAR) en su repositorio oficial de normatividad. 

 

Además, las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) y los reglamentos derivados de la Ley de Navegación establecen obligaciones sobre equipo obligatorio, seguridad y prevención de contaminación. Entre ellas, la NOM‑034‑SEMAR‑2024 y la NOM‑EM‑001‑SEMAR‑2023, publicadas en el Diario Oficial de la Federación, determinan el equipo mínimo de seguridad, comunicación y navegación que deben llevar las embarcaciones menores para reducir riesgos que puedan terminar en daños a personas, infraestructura o al medio ambiente. 

 

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En casos de accidentes más graves, las autoridades marítimas pueden intervenir. SEMAR, a través de la Unidad de Capitanías de Puerto y Asuntos Marítimos (UNICAPAM), supervisa que todas las embarcaciones que prestan servicios turísticos o recreativos cuenten con la documentación y seguridad obligatoria, tal como se detalla en los operativos de seguridad marítima. 

 

Lesiones a personas: pasajeros, tripulación y usuarios de muelles 

 

Las lesiones a personas son quizá los daños más sensibles. Un resbalón en el muelle, un golpe durante una maniobra o un incidente a bordo puede representar costos médicos significativos. Las normas mexicanas enfatizan la seguridad de la vida humana en el mar: SEMAR, como autoridad marítima nacional, tiene la misión de garantizar que la operación de las embarcaciones se realice de forma segura para pasajeros, tripulación y usuarios de infraestructura portuaria. Por esta razón, en muchos puertos es obligatorio que los prestadores de servicios náuticos cuenten con pólizas que incluyan gastos médicos a ocupantes, además de la RC. 

 

Por qué la Responsabilidad Civil es indispensable 

 

En México, la RC marítima funciona como un pilar para la convivencia segura en marinas y zonas de navegación recreativa. A diferencia del seguro de auto, no es obligatorio por ley para todas las embarcaciones privadas, pero sí es un requisito de operación en la mayoría de las marinas y es indispensable para cubrir daños que pueden alcanzar montos elevados. 

 

Además, las autoridades marítimas recomiendan explícitamente que todas las embarcaciones estén aseguradas para cumplir con la normatividad nacional e internacional y garantizar la protección del entorno marino. Los riesgos en la orilla del mar —daños a otras embarcaciones, contaminación accidental, lesiones a personas y afectaciones a infraestructura portuaria— son parte natural de la navegación, pero pueden gestionarse eficazmente con una cobertura de RC adecuada, un apoyo frente a los oleajes inesperados. 

 

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